Llevaba unos cuantos mojitos en el cuerpo y se sentía muy bien, no iba mal del todo: vocalizaba correctamente, conservaba el sentido del ritmo y gozaba de buen humor. Su amigo, cuando vio a la chica con la que ligó la semana pasada, le dejó con un "ahora vuelvo" que duró un buen rato. No había prisa, no tenía novia y tampoco obligaciones en ese momento. Eran las 5 y algo de la madrugada.
Su amigo, al parecer, estaba siendo rechazado por la conquista de la última semana, que bailaba a su alrededor como si no le hubiera visto en la vida y como si tampoco le interesara lo más mínimo. Seguía insistiendo. Mientras tanto, y ajeno a ello, miraba el local con curiosidad, como si nunca antes hubiera estado allí, y de hecho hacía mucho tiempo de la última vez.
De repente, apareció ella.
Se dirigió a él tras un leve titubeo y un ligero cuchicheo con su amiga, y se acercó al último en entrar a la empresa: el chico que tenía delante, que estaba apoyado en un barril de un lateral con una cerveza en la mano. Le preguntó que si la reconocía, que trabajaban en el mismo sitio, aunque en distintos puestos. Él le reconoció que sí, mientras por dentro la identificó como la chica que, a la primera semana, le soltó un comentario del tipo "vas a entrar hoy?" en la puerta de la empresa, donde se registra la entrada. Desde ese día se acordaba de ella, sobre todo de sus enormes ojos entre verdes y azules, luminosos y seductores, y esa madrugada, bajo las luces de colores de la discoteca, esos ojos eran una señal divina, casi incitadora al pecado.
Una leve conversación y sus cuerpos, poco a poco, se acercaban un milímetro más. Y otro. Y otro. Y así, hasta una pregunta al aire cuya respuesta fue una mirada a los ojos. Y esa mirada evolucionó en un beso.
13 de septiembre de 2009, 6:00 a.m.
Un beso dulce, largo, húmedo, y muy, muy excitante. Se separaron, se miraron a los ojos durante unos largos segundos y pensaron que lo mejor era seguir besándose una y otra vez... y una y otra vez... hasta que el deseo los atrapó.
No sólo les atrapó, sino que los retorció, los unió y los fundió en un sólo sentir, una combinación perfecta, una fusión ideal.
Hasta el día de hoy, se siguen besando una y otra vez... una y otra vez... todos y cada uno de los días, cada vez que sus cuerpos se acercan y se miran a los ojos.

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